Las relaciones entre China y Estados Unidos entran en una nueva etapa
Las relaciones de EEUU, bajo el mandato del presidente Barack Obama, con China y Taiwán, han entrado en una nueva etapa tras el anuncio de ventas de armas estadounidenses a la isla y la enfurecida reacción china.
Obama y su equipo de política asiática se esforzaron desde enero de 2009, cuando asumió el poder, en incorporar más abiertamente a China en la comunidad internacional y preparar su primera visita a Pekín del pasado noviembre.
Para intentar asegurarse el apoyo de Pekín en la Conferencia del Cambio Climático de Copenhague de diciembre de 2009, Obama adoptó en el gigante asiático un enfoque de bajo perfil y lanzó una nueva alianza estratégica recogida en un comunicado conjunto con el presidente chino, Hu Jintao.
La inclusión en ese comunicado del "principio fundamental del respeto a la mutua soberanía e integridad territorial como la clave de los tres comunicados conjuntos bilaterales que guían las relaciones entre EEUU y China" cayó como un jarro de agua fría en Taiwán.
Al insistir China, y exigir a sus aliados reconocer que la isla es parte de su territorio y que la independencia resquebraja su "integridad territorial", las expresiones del comunicado podrían interpretarse como un acercamiento de Washington a Pekín a costa de Taiwán.
El liderazgo chino pareció creer que el deseo de Obama de lograr la cooperación china en temas internacionales le permitía una mayor libertad a Pekín en su manejo de la cuestión de Taiwán.
Tras el anuncio de venta de armas por Washington a Taipei, los líderes chinos consideran que Washington rompió su promesa.
En Taiwán, el anuncio de la venta se interpretó como una reafirmación del compromiso de Washington con la defensa de la isla, en línea con el Acta de Relaciones de Taiwán de 1979, frente al poderío militar chino en aumento.
Obama aceptó las nuevas ventas de equipos militares, que habían sido ya aprobadas por su predecesor George Bush, pero no incluyó los controvertidos submarinos y cazas F-16, con la clara intención de no airar demasiado a China y que deja el paquete armamentístico "insuficiente" para Taipei.
El gran enfado de Pekín ante la promesa de venta de armas, el previsto encuentro de Obama con el Dalai Lama, el conflicto sobre la censura de Google en China y la falta de cooperación activa con EEUU en su intento de imponer nuevas sanciones a Irán, inclinaron en días el peso de la balanza de las relaciones.
China incluso amenazó con suspender la incipiente cooperación militar con EEUU, sancionar a las empresas ligadas a la venta de armas a Taiwán y posiblemente suspender la prevista visita de Hu a Washington para este año.
Sin embargo, el paquete militar por 6.400 millones de dólares tiene un contenido principalmente simbólico para el deseo estadounidense de no dejar de estar presente en la zona, donde tiene aliados clave como Japón, Corea del Sur o Singapur, y de apoyar a Taiwán.
La exclusión de los F-16 y los submarinos muestra que Obama no quiere airar demasiado a Pekín ni afectar el proceso de acercamiento entre las dos partes del Estrecho de Formosa.
Obama parece haber adoptado pues una postura pragmática de contención y cooperación frente al creciente poderío y determinación de China en el escenario internacional.
Por su parte, el Gobierno taiwanés del presidente Ma Ying-jeou, empeñado en un acercamiento económico a China y en una distensión política y militar, tiene un importante papel que desempeñar en el futuro de los lazos entre Pekín y Washington.
La isla puede elegir entre un acercamiento a China a expensas de su alianza con Washington y Tokio o hacer de equilibrio entre el creciente poderío chino y la presencia estadounidense en Asia impulsando una mayor cooperación con EEUU y Japón.
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