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Costa Rica y Panamá generan 40% del PIB de Centroamérica

  • Pese a que solo cuentan con alrededor de 20% de la población del área


Las crecientes disparidades socioeconómicas, que dividen al Istmo en dos realidades, son agravadas por las fracturas en los regímenes políticos y las debilidades en el Estado de derecho en general. Esas brechas podrían causar una fractura regional, que significaría el desinterés de los Estados por desplegar acciones conjuntas para enfrentar desafíos comunes y profundizar los vínculos entre sus sociedades.

En efecto, de acuerdo con el Estado de la Región, aparecen múltiples indicios de que los países con mejor desempeño tienden a actuar por separado. En general, en todos parece predominar la desconfianza cuando se trata de articular iniciativas que los ligan a Estados tan o más débiles que ellos mismos.

En los cuatro países de mayor tamaño territorial, los Estados de derecho dan muestras de un progresivo deterioro, que en algunos casos incluso pone en riesgo al propio régimen político. El caso más alarmante es el de Nicaragua, donde la concentración de poder se extiende a todos los órganos contralores, Honduras tras la sombra del golpe de Estado, mientras que en Panamá y Guatemala se denuncia la precariedad del sistema de justicia.

Punta de lanza señala al sur

El dinamismo económico, la formalización del empleo y la cobertura de la seguridad social siguen acentuando las diferencias entre los dos países del extremo sur y el resto del Istmo. En Costa Rica se explica tanto por una mayor productividad como por la diversificación de las exportaciones y mercados de destino; o bien por el programa de inversión pública y la consolidación de un nicho de servicios altamente competitivo, en el caso de Panamá.

En materia de seguridad social, mientras esas dos naciones –cuyo ingreso per cápita duplica a las demás naciones-, lograban dar cobertura a aproximadamente ocho de cada diez habitantes en 2008, en El Salvador, Honduras, Nicaragua y Guatemala dos de cada diez gozaban de ese beneficio.

Respecto a inseguridad, la tasa regional de homicidios por cada 100 mil habitantes se sitúa por encima de 40 y en países como Honduras supera los 80 asesinatos para 2010. Muy por debajo de tal promedio se sitúan Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

Pobreza y desigualdad

En 2008, el 47 % de los individuos en América Central vivía en pobreza y un 18% en pobreza extrema. Las cifras más negativas son para Guatemala, Honduras y Nicaragua; donde residen dos de cada tres centroamericanos. Además, el 10% de la población más rica recibía el 40% de los ingresos totales en Guatemala y Honduras y, alrededor de un 30% en los otros países del istmo.

En perspectiva comparada, mientras en Latinoamérica un tercio de la población vive en situación de pobreza, todavía uno de cada dos centroamericanos se encuentra en esa condición. Solo en Costa Rica y Panamá el indicador se sitúa por debajo del promedio latinoamericano.

En Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, donde reside el 80% de la población regional, en promedio, cerca del 40% de los hogares sufre exclusión social. Panamá, posee una prevalencia cercana al 30%, en tanto uno de cada diez familias costarricenses está en esa situación. Las inequidades son notorias en áreas rurales, mujeres, grupos sociales, indígenas, afrodescendientes y discapacitados.

Hambre sin consuelo

Por su parte, la tasa de desnutrición es de 34,9% del total de niños y niñas menores de 5 años, la más alta en comparación con otras subregiones latinoamericanas. Con base en datos de 2008, se estima que mientras en Costa Rica dos de cada cien niños padecen este flagelo, en Guatemala cerca de la mitad de la niñez presenta desnutrición crónica.

El estudio concluye que se evidencia las brechas entre discurso, planes y acciones. Grave también, agrega, es la posición acomodaticia que parece guiar la actuación de los gobiernos nacionales, en el sentido de que esos suelen optar por una “integración a la carta”, según convenga o no a sus intereses, con escaso compromiso hacia la región como conjunto.

A diferencia de Sudamérica –con el caso brasileño, por ejemplo-, cita el texto, las dos naciones centroamericanas con mayor desarrollo son relativamente pequeñas y no han mostrado la capacidad ni la disposición de apalancar el avance del resto.

Reto de integración

Además el Istmo presenta una situación más compleja y riesgosa que cualquier otra región latinoamericana: está constituido por naciones que, en general, carecen de una oferta abundante de commodities estratégicos, como petróleo, gas o alimentos (y por ende, de los márgenes de maniobra económica con que cuentan los países sudamericanos).

Están atrapadas, señala, por la expansión de la violencia social y la geopolítica del narcotráfico y, a la vez, se encuentran enclavadas en una zona altamente expuesta a eventos naturales extremos.

El desafío planteado llama a los gobiernos a impulsar y poner en práctica una estrategia que, desde una lógica solidaria, se concentre en los principales retos sobre los cuales la integración, mediante la producción de bienes públicos regionales, puede aportar un valor agregado.

Estos pueden ser los casos de la gestión ambiental, la logística para el desarrollo económico, la seguridad alimentaria y las acciones para enfrentar el clima de inseguridad por medios democráticos.


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