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Pakistán se hunde en el caos energético



Islamabad | Efe - Las largas colas de vehículos en las estaciones de servicio de Pakistán se han convertido desde hace varias semanas en el último capítulo del caos energético del país, un asunto que será clave en las elecciones de la próxima primavera.

La orden del Tribunal Supremo de rebajar más de un 30% el precio del gas natural con el que circula la mitad de vehículos en Pakistán desató el pasado octubre una tormenta derivada de una desastrosa política energética que asfixia a diversos sectores del país.

Miles de estaciones de servicio han dejado de servir CNG (gas comprimido natural) alegando que pierden dinero, y la situación amenaza con enterrar la que hace pocos años fue la gran apuesta de Islamabad para reducir su dependencia del petróleo.

La escasez de combustible se une al conflicto entre la patronal del sector y el Supremo paquistaní por el precio del CNG -con el Gobierno como espectador-, para desespero de los conductores de los más de 3 millones de vehículos que usan gas en Pakistán.

Tanto los analistas locales como los pacientes conductores, que esperan durante horas su ración de CNG en alguna de las escasas estaciones que sirven gas de forma intermitente, se refieren a la mala gestión pública en el ámbito energético como el origen del mal.

El pasado verano, los cortes de fluido eléctrico -más largos que los habituales de cada año- motivaron nutridas protestas por todo el país que obligaron al Gobierno a poner el suministro eléctrico como primer punto de su discurso a pocos meses de las elecciones.

"Los problemas extremos de energía en un país de 200 millones habitantes no son ninguna broma. Hay mucha gente protestando e incluso personas muriendo de frío", reflexiona el analista y director del Instituo Jinnah de investigación política, Razá Rumi.

"De los problemas de energía se derivan dos dificultades que encabezan las preocupaciones del paquistaní de a pie: la inflación y el desempleo" añade el economista y exministro de Comercio paquistaní Mohamed Zuber Khan.

El sector energético está lastrado por la creciente falta de inversión que se debe a la falta de seguridad jurídica y la corrupción, y de una falta endémica de liquidez derivada de la falta de pago del suministro energético por parte de muchas instituciones.

"El problema de la energía en Pakistán es muy complejo, como si fuera un pulpo que tiene atado otros pulpos en cada una de sus patas", explica el exministro.

"Las dificultades provienen de la mala gestión y la selección errónea de prioridades. Hay subsidios al consumo de determinados sectores y robos generalizados de energía, tanto de gas como de electricidad, con la consentimiento de las autoridades" añade Khan.

Según el Instituto del Petróleo (PIP) de Pakistán, el país ha aumentado su consumo energía en cerca de un 70% en los últimos 15 años; mientras la demanda no ha parado de crecer, la oferta se ha quedado estancada y apenas da respuesta al 60% de lo requerido.

El actual Ejecutivo ha tomado medidas en el campo de la producción destinadas a paliar el déficit energético, pero ha encadenado fiascos bajo la sombra de la corrupción.

En el lado de la demanda, una de las grandes medidas adoptadas por el anterior Gobierno del dictador Pervez Musharraf fue estimular con precios subvencionados el consumo de CNG para el transporte a fin de reducir el consumo de petróleo.

En pocos años, Pakistán pasó de tener 100.000 vehículos movidos por gas a los más de 3 millones actuales, que sitúan al país a la cabeza mundial en el uso de este tipo de combustible para el transporte.

"En la priorización de un recurso escaso como el gas había que pensar primero en el consumo doméstico, imprescindible para las clases bajas, y luego en la industria, que es la única que puede hacer avanzar la economía doméstica", dice el analista Razá Rumi.

Pero el Gobierno decidió subvencionar a unas clases medias que cada vez tienen más peso en las decisiones de un país que se dispone, por primera vez en su historia, a encadenar dos procesos electorales sin interferencias del aparato de seguridad.

Ahora la decisión del Supremo obligará a revocar esas subvenciones y los medios locales hablan de la posible prohibición del uso de CNG en vehículos privados y de desincentivar fiscalmente su uso, pero con el litro de gasolina a más de un dólar el ganador de las elecciones tendrá que gestionar la crisis que se avecina.

"Los actuales gobernantes no van a tomar ninguna medida impopular antes de los comicios, pero el que gane no tendrá más remedio que empezar a hacer algo", vaticina Rumi.


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